miércoles, 21 de diciembre de 2011

CAPÍTULO SEIS

Unas horas antes. Notó cómo vibraba el teléfono y supuso que era su madre, no pensaba cogerlo dado que ya estaban casi llegando a su casa pero el número que aparecía en la pantalla no era el que esperaba ver, a si que decidió contestar.
-¿Lisandro?- preguntó extrañada Alice. Iba caminando y de repente se paró en seco, Olivare que estaba a su lado la miró preocupado - ¿¡Qué Selene qué!? ¿Dónde estáis?¿Cómo que no? ¡Ahora mismo voy para allá!
-¡Espéra! ¿Qué ha pasado?- preguntó Olivare.
-¡Es Selene! Ella y Lisandro han tenido un accidente con la moto y está en el hospital. No me dicho mucho, solo que estaba incosciente y con una pierna rota.¡Tengo que ir ahora mismo! - explicó ella.
-¿A estas horas? Son casi las 11 de la noche y tienes que volver a casa.
-¡Me da igual! - gritó ella. Sin darse cuenta acababan de llegar al portal de la chica y él la insistió:
-A ver Ali tranquilízate y piensa un momento. Ahora no te van a dejar entrar y seguramente ya se habrá despertado y necesitará descansar- intentó razonar Olivare.
-¡Que no! Que voy a ir al hospital digas lo que digas y si te quieres quedar aquí por mi perfecto, que bastante la has liado ya esta tarde - he intentó echar a correr pero el chico la agarró por la cintura y la llevó hasta la puerta. 
-Alice lo que vas a hacer va a ser subirte a tu casa, meterte en la cama y mañana tranquilamente después de clase vamos a ver a Selene, ¿vale?-dijo él mientras abría la puerta y la invitaba a pasar al portal. 
-¿Tu no entiendes lo que es un no?
-Venga Ali, sabes que es lo mejor.
-¡Lo mejor es que vaya ahora mismo a ver a mi amiga! - ya estaba un poquito harta de su amigo, por lo que su voz sonaba demasiado agresiva.
-Alice Novarelio, vas a subir ahora mismo, te vas a meter en la cama y vas a dejar de comportarte como una niña tonta que no piensa.
-Mira gilipollas, que ya me estás tocando un poco las narices, o me voy al hospital o de aqui no me muevo - dijo Alice cruzándose de brazos.
-¡Oh, por favor! No me obligues a subirte en brazos.
-¿No serás capaz? - comentó fulminándole con la mirada.
-¡Ui que no! - y de repente, pillándola de improvisto, la cogió en brazos y se la puso como si fuese un saco de patatas sobre el hombro.
Él iba subiendo poco a poco las escaleras del piso de Alice, -joder que mala suerte que viviese en un tercero, ya se podían haber comprado un chalet- pensó. Ella iba gritando con todas sus fuerzas que la soltase, que se arrepentiría de eso y que era lo más imbécil que había conocido.
Cuando llegaron a la puerta de Alice les abrió su hermano mayor, Danielle. Era un más alto que Alice, ojos marrones pero más claros que los de su hermana mediana, era delgadito y ella le solía llamar "poca cosa", pero sabía como cuidar de ella y de su hermano pequeño.
-¿Pero bueno Alice que son esos berridos?- preguntó Danielle enfadado.
-Este imbécil, que se cree que soy su tamagochi y no ha podido refrenar sus ganas de dejarme a salvo en mi dulce camita - dijo ella poniendo los ojos en blanco mientras Olivare la dejaba en el suelo.
-Lo siento, pero es que se quería ir ahora al hospital a ver a Selene que ha tenido un accidente y la he dicho que sería mejor que se subiese y esperase a ir mañana - se disculpó el chico.
-Tranquilo chaval, conozco el temperamento de mi hermana y se que es muy impulsiva, ya me encargo yo de que esta noche no pise ningún hospital- contestó Danielle sonriendo.
-¡Mira poca cosa, necesito ir al hospital a ver a mi amiga! ¿¡Es que no lo entiendes!?- gritó Alice.
-Que te calles y pases para adentro,¿o quieres que se despierten papá y mamá? - y así sentenció la discursión con su hermana. Ella se rindió y se despidió de Olivare de una forma peculiar.
-Está bien, ya me voy. Hasta mañana "cariño" - le dijo al chico poniendo mucho énfasis en la última palabra y giñándole un ojo. Y así, balanceandose en el marco de la puerta se metió en la casa.
Danielle se quedó sorprendido ante esa despedida y sobre todo en la palabra que ella había pronunciado. Miro a Olivare con cara de pocos amigos y él intentó explicarselo.
-Eem son locuras de tu hermana, digamos que es una pequeña venganza.
Danielle se quedó más confuso todavía pero decidió dejarlo pasar.
-En fín gracias tío, esta chica es puro nervio.
- Uff, ¡que me vas a contar! Creo que tengo un par de arañazos en el cuello - aseguró Olivare, y los dos se echaron a reir - Bueno me voy, hasta mañana.

martes, 13 de diciembre de 2011

CAPÍTULO CINCO

Es ese mismo instante en otro lado de la ciudad una vespa con dos personas atraviesa la calle. Conduce ella, él la agarra por la cintura, no porque vayan muy rápido sino porque le apetece. Ella notaba sus brazos rodeándola y sentía mariposas en el estómago.
-Oye Sele, ¿a que hora tienes que estar en casa? - preguntó Lisandro.
-Pues antes de las 11, ¿por qué?
-Por si dabamos un paseo en moto y tal - dijo él.
-Claro, me encantaría. Pero, ¿a donde vamos?- preguntó ella con curiosidad.
-¿A dónde nos lleve la gasolina te parece bien?
-Perfecto - y sonrió pensando en que Alice la iba a matar por vaciar todo el depósito.
Lisandro la vio por el retrovisor, le encantaba verla sonreir.
Estaban pasando por un puente cuando se detuvieron a observar el paisaje, estaba atardeciendo y el cielo estaba rojizo. Después de tan magnífico espectáculo la aguja de la gasolina les indicó que era hora de ir volviendo de ese viaje a ningún lugar.
Iban por la carretera y ya era algo de noche, a Lisandro se le veía un poco nervioso y Selene no sabía porqué. Se lo iba a preguntar pero de pronto él habló:
-Sele, yo... te quería decir una cosa...
-Te escucho-dijo ella mientras torcía hacia una calle oscura y con poca visibilidad.
-Yo... joder... no sé como decírtelo pero desde hace un tiempo siento algo por tí, vamos que me gustas... ¡es más creo que te quiero!- lo soltó Lisandro como pudo.
Ella no dijo nada solo giró el cuello para mirarle y cuando estaba a punto de contestarle sucedió algo inesperado: ¡ZAS!, chocaron contra algo que les hizo perder el equilibrio, la moto derrapó, salieron disparados, él cerca de la moto, Selene a 10 metros de ella. Oyó sirenas, gente hablando, a Lisandro maldiciendo y llamándola entre sollozos, veía borroso, hasta que sus ojos se cerraron tras el último grito de él.
Despertó en una sala blanca con poca luz, en un sitio que no conocía. De pronto apareció un agudo dolor en la pierna izquierda y recordó todo, la declaración de Lisandro, lo que había provocado en ella y el accidente. Abrió los ojos y vio a su lado a su hermano mayor Darío. Era un chico de veinte años, rubio y con los mismos ojos que ella.
-¿Dónde está Lisandro? - preguntó Selene.
-Tranquila, esta bien. Se ha ido a su casa, estaba echo polvo y le he dicho que tenía que descansar. Mañana después de clase pasará a verte - la explicó su hermano, pero en ese momento estalló - ¿ME PUEDES DECIR QUE COJONES A PASADO SELENE?
-No me grites por favor- dijo ella llorando.
-¿¡Pero como quieres que no lo haga!? Te has metido una ostia que casi te matas, papá y mamá estan en Estados Unidos de viaje y no vuelven en 1 mes, la abuela está preocupadísima por tí, Alessandro se ha tenido que ir a casa de la tía y Antonella tiene un ataque de nervios que no ha podido ni entrar.
Selene no decía nada, solo lloraba en silencio. Darío se calmó, se acercó a ella y la dió un beso en la frente.
-Lo siento hermanita , de verdad, pero casi me matas del susto, no vuelvas a hacer algo así.
-Esta vez si que la he cagado pero bien, lo siento Dari, sal y dile a Antonella que estoy bien por favor.