Sábado por la mañana, se frota los ojos y mira el móvil. Son las doce y media pero Alice sigue teniendo sueño. Ayer se quedó hasta muy tarde hablando con Luca e intentando explicarle lo que ocurrió el otro día con Olivare.
-Entonces, ¿no estáis saliendo?- la había preguntado por el Tuenti.
-No... lo siento. Es que no sabía que decirte y el imbécil de mi amigo no se le ocurrió otra chorrada y claro como me pilló desprevenida pues le seguí el rollo... De verdad que lo siento tenía que habertelo dicho antes.
-¡Tranquila no te disculpes más! jajaja en el fondo es una chorrada.
Ella le envió un emoticono guiñandole el ojo.
-O sea que estás libre, ¿no?- Luca volvió al ataque.
-No empieces Luca.
-Vaaale lo siento.
-Bueno creo que va siendo hora de que me vaya a la cama.
-Vale, un beso y que sueñes con tios buenos o conmigo e_ê
-Lucaaaa ! jajajaja Hasta mañana (L)
-Te quiero.
Esa fue la última frase que vio antes de cerrar sesión. Pero ahora era por la mañana y tenía muchas cosas que hacer. Seguro que su madre la había dejado muchas tareas. Se levantó de la cama y se miró en el espejo. La verdad es que tenía un aspecto muy gracioso recién levantada, siempre lo había pensado, solía tener un aspecto despeinado que la encantaba y los ojos muy cerrados, casi como los chinos, el pijama siempre se le desabrochaba un par de botones y estaba tan cansada que arrastraba los pies. Salió al pasillo y enseguida notó el olor a judías que tanto la gustaba. Su madre estaba cocinando, eso quería decir que hoy no trabajaba y que no la mandaría hacer mucho.
-Buenos días mamá- la saludó entrando en la cocina y fue a darle un beso.
-Hola hija, ¡vaya hora de levantarse!
-Ya bueno es que estaba cansada de los primeros días de instituto y además con lo de Sele tenía que recuperar sueño- dijo Alice bostezando.
-Ya claro, bueno desayuna un poco si quieres y vístete que tienes que llevar a tu hermano Ettore a la exibición.
-¿Qué?-protestó Alice - ¡Pero si me acabo de levantar! Además ¿que pasa, que no puede llevarle Dan?
-Tu hermano está ayudando a tu padre en el bar. Y no me grites que no soy sorda.
Alice salió de la cocina con una taza de leche, tres bizcochos en la mano y refunfuñando. Odiaba tener que ir a las exibiciones de kárate de su hermano pequeño. Vale que a veces estaba bien porque se distraía pero casi siempre acababa aburriéndose. Ademas la de hoy duraría una hora y seguro que le entraba hambre a mitad de la competición. Pero claro no había quién rechistase las decisiones de la mamma.
Asi que allí estaba ella, se había puesto unos vaqueros largos con una sudadera fina y se había sentado en la última fila junto al pasillo. Como había previsto la empezó a entrar hambre y se arrepintió de no traer nada. De vez en cuando se fijaba en lo que hacía su hermano, pero no le ponía demasiado entusiasmo. Estaba más bien distraída.
-¡No me lo puedo creer! ¡Eres tú!
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